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Por dieta occidental nos referimos a la propia de países altamente desarrollados en los que parece que se avanza en todo, salvo en lo que le concierne a la salud, bienestar y buena alimentación.

Por ejemplo, una dieta típica occidental podría ser la compuesta por lo siguiente: para empezar el día un producto dulce y cargado de calorías para comenzar con energía la mañana, donde las galletas, donas, cereales de desayuno y productos derivados de harinas refinadas con gran cantidad de azúcar, son los protagonistas.

Se tiene la idea de que en el desayuno están permitidos todos estos alimentos dado que tenemos que “recargar energía” para la dura mañana de trabajo, pero lamentablemente no es así. Por desgracia, éste es un ejemplo del desayuno de la mayoría de los niños y jóvenes, lo que incrementa los índices de obesidad infantil.

Los que se alimentan con este tipo de dieta que incluye abundantes comidas fritas, dulces, carnes rojas y productos lácteos con alto contenido graso; tienen mayores riesgos de sufrir enfermedades y muerte prematura. La extensión de los hábitos alimenticios occidentales, ricos en grasas y calorías, es perjudicial para la salud, y favorece la incidencia de enfermedades como la diabetes tipo 2, según un estudio publicado en la revista Nature.

De acuerdo con un comunicado de prensa realizado por la investigadora, Tasnime Akbaraly, de INSERM, Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica es el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia, afirma que los que siguen una dieta occidental tienen menos probabilidad de experimental un envejecimiento ideal, por lo que se sugiere seguir una alimentación balanceada, evitando a toda costa alimentos de la dieta occidental para así prevenir enfermedades crónicas ya que podremos contar con un nivel alto de funcionalidad.

Las características más importantes de una dieta occidental son ​​el consumo excesivo de azúcares demasiado refinados, grasas altamente refinadas y saturadas, proteínas animales y una ingesta reducida de fibras de origen vegetal. Esto se traduce en una dieta alta en grasa, carne roja, sal y azúcares y baja en fibra.

Esta “dieta” no es más que el conjunto de la mala alimentación que se lleva a cabo por parte de la mayoría de los individuos de los países occidentales o industrializados: comidas ultra procesadas, con grandes cantidades de aditivos, exceso de sal, carnes rojas procesadas y grandes excesos de carbohidratos refinados y grasas poco saludables (destacando las grasas trans).

Y, el problema no es el hecho de comer carbohidratos, grasas, o proteínas. El problema, es el mal estilo de vida que se lleva en la actualidad, los excesos y la mala calidad de la alimentación.

La dieta occidental es el pilar básico de este mal estilo de vida, donde destaca la obesidad y, aunque suene paradójico, gran parte de los individuos viven en un estado de sobrepeso-obesidad con desnutrición. Puede que al principio suene ilógico porque los excesos y la desnutrición suenan contrarios, pero la realidad es que el exceso de grasa corporal suele acompañarse de falta de nutrientes básicos para la vida, destacando en nuestro medio el déficit de vitaminas B, vitamina D y calcio, entre otros.

IMPACTO QUE TIENE LA DIETA OCCIDENTAL EN LA SALUD…

De acuerdo con Ian Myles, del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, los alimentos altamente procesados ​​y refinados, comunes en las comidas occidentales, son rechazados por el cuerpo, ya que hacen que tu sistema inmunológico se desequilibre.

La dieta occidental genera (entre otros), un aumento en el riesgo de padecer diabetes, obesidad, enfermedades cardiacas, algunos tipos de cáncer, infecciones intestinales e inflamación, además de que debilita las respuestas del sistema inmune.

  1. CAMBIA TUS BACTERIAS INTESTINALES

Tus microbios intestinales desempeñan un papel crucial en la salud y el bienestar no solo de tu intestino, sino de todo tu cuerpo.

De acuerdo con Jeremy Nicholson, jefe del departamento de cirugía y cáncer de la Escuela Imperial de Londres, cada persona tiene aproximadamente 1 kg de microbios dentro de ellos.

Los microbios intestinales del cuerpo están fuertemente conectados con el control del sistema inmunológico, lo cual a su vez controla la inflamación. El consumo de alimentos procesados ​​puede causar que las bacterias buenas que se encuentran en tu intestino sean eliminadas. Lo que te dejaría más expuesto a las malas. Las bacterias buenas tampoco sobreviven.

  1. OBESIDAD Y DIABETES

El aumento global de las dietas altas en grasa y calorías están dando lugar a que las tasas de obesidad y diabetes aumenten rápidamente en todo el mundo. Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), el 73% de la población adulta en México padece sobrepeso u obesidadsiete de cada 10 adultos, cuatro de cada 10 jóvenes y uno de cada tres niños.

Hay que entender que la obesidad predispone a la enfermedad. La inflamación en el cuerpo también es alta en los individuos obesos, lo que aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, cáncer y afecciones articulares, como artritis.

Otra enfermedad, vinculada a la obesidad, que presenta tasas elevadas a nivel mundial es la diabetes, la cual afectó a 374 millones de personas. El desarrollo de la diabetes tipo II está relacionada con la dieta y los números están aumentando en todos los países, de acuerdo con el atlas para la diabetes de la Federación Internacional de la Diabetes (FID).

¿OBESIDAD ES SINONIMO DE CÁNCER?

Erika Ruiz García, coordinadora del Laboratorio de Medicina Traslacional del (INCAN) explica que cuando una persona es obesa, su metabolismo presenta un proceso inflamatorio permanente que puede favorecer la reproducción de las células malignas.

  1. RIESGO DE CÁNCER

El 30 por ciento de los diferentes tipos de cáncer que se padecen en México son resultado del estilo de vida: consumo de alimentos altos en calorías, bebidas azucaradas, alimentos bajos en fibra, exceso de carnes rojas, falta de ejercicio y consumo de alcohol y cigarro.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Cancerología (INCAN) al cierre de 2017, se tenían registrados 520 casos de cáncer por día, es decir 190 mil nuevos casos de cáncer al año.

Lo que trajo como consecuencia 80 mil fallecimientos anuales, es decir, 219 muertes por día, situación por la cual el cáncer es la tercera causa de muerte en nuestro país, debido a que 14 de cada 100 mexicanos fallecen a consecuencia de esta enfermedad.

La típica dieta occidental, rica en carne y grasas y pobre en hidratos de carbono complejos (almidones), es una receta para desarrollar cáncer de colon, advirtió el gastroenterólogo Stephen O’Keefe, de la Universidad estadounidense de Pittsburgh.

Esto es así porque la dieta tiene una influencia directa en las distintas bacterias del intestino, que pueden producir sustancias protectoras o cancerígenas para el colon, dijo O’Keefe en una reunión de la Society for General Microbiology en Harrogate (Reino Unido).

  1. RIESGO DE METÁSTASIS EN EL CÁNCER DE PRÓSTATA EN LA DIETA OCCIDENTAL

Investigadores del Centro Médico del Cáncer Beth Israel Deaconess (BIDMC) descubrieron que la ausencia de dos genes (PTEN y PML) aumentaría el riesgo de metástasis. Pero esto no sería suficiente, ya que los tumores de próstata que llegaban a producir metástasis se acompañan de la producción de una elevada cantidad de lípidos o grasa.

existe una elevada probabilidad de que una Dieta Occidental también colabore en la progresión y la agresividad de este tipo de tumores, como ya hemos comentado en el caso del cáncer de colon.

  1. INFARTOS

Según un estudio sobre los patrones de alimentación en varios países, la dieta occidental tiene 35% más riesgo de provocar infartos que otras dietas típicas del mundo.

Este estudio se publicó en la revista de la Asociación Estadounidense del Corazón, donde se analizó la dieta de 16.000 personas en 52 países. En América Latina, el estudio incluyó a Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Guatemala y México.

Recordemos que las enfermedades del corazón se han convertido ya en la principal causa de muerte en muchos países de occidente, incluida América Latina. Además, científicos de la Universidad de McMaster en Canadá, afirman que la dieta occidental tiene tres veces más riesgo de provocar ataques al corazón, debido a su alto consumo de alimentos fritos, bocadillos salados, huevos y carne.

  1. EL EXCESO DE SAL Y EL RIESGO DE DEMENCIA EN LA DIETA OCCIDENTAL

La sal tiene una estrecha relación con la hipertensión, y de hecho las dietas pobres en sal son la primera recomendación médica actual ante tal estado. Un estudio publicado en Nature Neuroscience, demostró una asociación de riesgo al exceso de sal. Un exceso muy común en la Dieta Occidental, debido al elevado consumo de alimentos ultra procesados: las dietas ricas en sal pueden aumentar el riesgo de demencia.

AUMENTE LAS POSIBILIDADES DE PADECER ALZHÉIMER

Una reciente investigación de científicos de la Universidad de Tufts, en EE. UU, publicada en la revista Nature Scientific Reports exploró el efecto que la llamada dieta occidental, la cual podía originar Alzheimer.

Los investigadores encontraron que el consumo prolongado de la dieta occidental condujo a una respuesta pobre por parte del sistema inmune en el cerebro. Algunos componentes de la dieta occidental se han asociado con el desarrollo de la inflamación periférica en el tiempo y los resultados del estudio aumentan la posibilidad de que la actividad inmune en el cerebro aumenta la susceptibilidad de la enfermedad de Alzheimer.

Este es simplemente otro estudio que nos confirma que nuestra alimentación no es solo determinante a la hora de tener un cuerpo más o menos bonito, sino también en tener un cuerpo y un organismo más sano. Nutrirnos bien es salud.

Numerosos estudios demuestran que la alimentación es un pilar fundamental en la prevención de enfermedades. Se trata de uno de los factores más estudiados en enfermedades crónicas, aunque tampoco podemos olvidar el papel determinante de la nutrición en el correcto funcionamiento del sistema inmunológico y una mayor resistencia en procesos infecciosos agudos

Para comer natural hay que huir de los productos preparados y los aditivos. Y si se compran alimentos ya procesados, se debe buscar lo más artesano y natural. Por poner un ejemplo, si se compra una barra de pan, hay que buscar una que contenga productos orgánicos y haya sido preparada “como en casa”. Ir al supermercado pensando en los ingredientes que uno le pondría a su receta y buscar lo más parecido. Si yo elaboro un pan en casa le pondré harina integral, agua, sal marina y levadura madre, ¿por qué comprar un pan que tiene aglutinantes, gasificantes, aceite y harinas adulteradas?

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